RITUALES DE MATRIMONIO
En Grecia, el matrimonio era un acto privado, un contrato entre familias para que los hijos legítimos heredaran el apellido y la fortuna familiar.
El ritual de matrimonio en Grecia duraba tres días: el primer día tenía lugar la preparación de la novia en casa del padre. El segundo día se celebraba la firma del contrato nupcial, el banquete y, por la noche, la procesión hacia la casa de su marido. El tercer día, ya pasada la noche de bodas, se ofrecían los regalos.
Se consideraba favorable el mes de enero y que hubiera luna llena.
En el contrato o engýesis, firmado por el novio y el padre de la novia, se fijaba la dote que debía entregar el padre al novio.
La novia sacrificaba un cerdo y realizaba la entrega de sus juguetes de niña, de un mechón de cabello y de su cinturón.
El novio se cortaba el cabello y ofrecía sacrificios a los dioses.
La novia recibía un baño purificador con agua de una fuente sagrada que le asegurase la fertilidad.
La prenda que distinguía a la novia era el velo, símbolo de virginidad.
Las casas de los novios se adornaban con guirnaldas y ramas de olivo y laurel.
El banquete se celebraba en casa del padre de la novia. Después de la comida, el novio le quitaba el velo a la novia.
El banquete terminaba con libaciones y sacrificios.
Finalizado el banquete, la novia era conducida a casa del novio en un carro, a la luz de antorchas y escuchando cantos nupciales, Himenos, que entonaban los acompañantes.
Antes de llegar a casa del novio, se quemaba el eje del carro para que la novia no pudiera regresar a su casa. Le daba la bienvenida la suegra, que le entregaba un pastel de miel y sésamo y lanzaba sobre la cabeza de la novia dátiles, nueces e higos, como símbolo de pertenencia al nuevo hogar.
Acababa el día con la entrada en el tálamo, habitación nupcial.
Los novios recibían la visita de los padres de la novia, que les entregaban los regalos y la dote acordada.